Marcela Luna
Cruzar Límites
2020
Postales de viaje. Acuña - Luna
Texto curatorial
Gabriel Acuña Rodríguez
Viajar es cruzar límites todo el tiempo, aún dentro de un territorio específico y Luna viaja, mide los ingresos, las distancias, las relaciones y los afectos en “viajes” (millas); y dentro de esos viajes, a través de esos límites registra lo visto, lo sentido simultáneamente, lo infraleve.
La fotografía es una de sus herramientas para captar y transgredir –también- porque no es una imagen pasiva, sino la semilla y motor de otra imagen tras la cual va ella, la artista, esa otra imagen indefinida, liminal.
Hace un par de años Luna me propuso trabajar un proyecto juntos, un cruce entre lenguajes, visual y verbal y para tal fin me envió 28 fotografías de la arena de distintas playas para que escribiera algo para cada una.
Desbordado es el estado y sensación ante las imágenes que pedían de mi más que observar y describir, me exigían (ellas, las imágenes) crear otras a partir de decir de cada una encerradoras de universos con millones de mundos en luz, agua y granos de arena, pero a la vez todas pertenecen al mismo universo de los “infraleves”, eso que se puede intuir –más que sólo ver- y que Luna conoce muy bien y sabe captar.
Y es que cada imagen empezó a contar una historia, y digo empezó porque aún no acaban y los textos que escribí son fragmentos de dichas historias contadas por distintos narradores,
inmersos o no.
Luego juntamos texto e imagen… Cuál es cuál, dentro de esa incapacidad de contenerse, de resumirse mutuamente en eso que se lee o mira (y viceversa)?.
“Cuando se contiende por cuanto hay bajo el cielo, se ha de tomar en su totalidad” como dice Sun Tzu y la totalidad es el borroso límite de ojo/consciencia que disecciona y el ojo/Alma que vuelve a diseccionar para de ambas operaciones rearmar esa imagen etérea que no es el texto ni la captura mecánica (nunca lo fue), sino otra forma de la consciencia hacia las –diez mil- cosas existentes.
Cruzar límites, salir de los bordes es el principio, romper los límites estructurales entre uno y otro lenguaje, excederse – de ser posible-. La intención es no estar ni en un lugar, ni en otro /ser lo que se va y está por llegar / Rito de paso / lo que se dice y se calla / quietud, desplazamiento (procedimental) y transmigración (conceptual).
Está, entonces la imagen soportada en la captura de la luz por el medio digital, en su potencial impresión o distribución viral, en los límites del marco o subvirtiendo el muro, en la otra imagen, esa, etérea, que busca la artista o en las elusivas palabras del poeta? Está, acaso, en el corredizo límite del borde mismo en los fragmentos del interminable mar capturados, en las palabras, ahora jerárquicamente sonoras – pensadas, susurradas, habladas y gritadas- de quien mira, de quien vuelve a mirar?
La marea es movimiento macro, mientras las olas son sus microréplicas, así el ojo/pregunta se enfrenta al ejercicio topológico de estar adentro y afuera, alternativa o simultáneamente de la imagen, que no es ya luz y arena y agua, sino que ha salido del centro mismo del relato que inició esta odisea a lo periférico, siguiendo, de nuevo (por qué no?) esa no ya horizontal idea de infinito en pos de la consecución de la obra continua hacia el fuera, aunque hecha de fragmentos, en principio inconexos, como las letras que hacen sílabas, palabras, frases, este párrafo y el anterior y el que vendrá.
Ese Ritmo variable en la relación de texto e imagen surge de la conexión misma agua/tierra, vínculo esquivo, permeable, violento, lejano. Se tocan, se superponen, se alejan.
Esta muestra, viaje mismo, sonoro y visual, cruza permanentemente todos los límites tras la esquiva presencia del mar evocado. Los paisajes están hechos de horizonte, memoria y presagio.
¿Les dije alguna vez que viajar es cruzar límites todo el tiempo?













